El poder de las planillas
13 Dic 2022

Presidentes sin pantalones

¿De qué manera el Poder Ejecutivo fue perdiendo músculo en las negociaciones con la Asamblea? ¿Por qué en Panamá los presidentes están en inferioridad de fuerzas para lidiar con una Asamblea que funciona como un pac man de poder y recursos?

“El presidente Cortizo le tiene miedo a Benicio Robinson”, analizó sin inmutarse el líder del partido Otro Camino Panamá, Ricardo Lombana, en televisión. Puso en palabras lo que todo el mundo político viene señalando desde hace tiempo: el descenso de la autoridad presidencial. 

¿De qué manera en los últimos años el músculo de negociación de los diputados creció de tal forma que se convirtió en el poder real de Panamá, como si las Garzas del palacio presidencial hubieran dejado el Casco Antiguo para mudarse a Calidonia?

Es un proceso que, en principio, se presenta como regional. “Lo que pasa en Panamá es el reflejo de lo que está pasando en varios países de América Latina, que se caracterizaban por su presidencialismo y el poder desmedido del ejecutivo y que cada vez parecen ir derivando hacia regímenes parlamentarios -analiza la politóloga Claire Nevache-. Con ejecutivos un poco rehenes de sus asambleas. Con presidentes que están a la merced del chantaje de los diputados”. 

Piernas al aire

Aunque el presidente Laurentino Cortizo llegó al gobierno con mayoría en la Asamblea, las divisiones internas de su partido lo obligan a negociar con sus diputados ante cada decisión. Ni su bancada lo respalda plenamente en sus iniciativas.

Juan Carlos Varela, el presidente anterior, llegó al gobierno en minoría y nunca logró controlar la Asamblea. A tal punto que en los últimos dos años de su mandato no pudo nombrar a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que, por ley, estaba habilitado a nombrar.

Ricardo Martinelli también llegó al poder con minoría, pero consiguió una Asamblea a su medida que votó todo lo que propuso. ¿Cómo hizo? Muy simple, sacó la chequera y compró 25 padres de la patria en un período al que todos recuerdan como el de tránsfugas. 

Desde 2009, los diputados saltaban hacia la bancada del presidente Martinelli a cambio de favores. Fue entonces que se profundizaron las reglas que hoy dominan la Asamblea y dinamitan la democracia. El proceso final en el que se rompió la fidelidad a los partidos y los legisladores se convirtieron en llaneros solitarios que solo velan por sus propios intereses. 

El presidente de Panamá, Laurentino ‘Nito’ Cortizo. | Foto: @NitoCortizo

En otras democracias, los activistas políticos que lideran las comunidades responden a los partidos políticos, y son los partidos los que eligen a los candidatos a diputados y les ofrecen su estructura –y la financiación- para las elecciones. En Panamá no. Se ha distorsionado el sistema de partidos y es al revés: son los diputados los que le ofrecen la estructura al partido. O al mejor postor.

Meses después de asumir Martinelli, su contralora Gioconda de Bianchini -hasta ese momento contadora de su supermercado- emitió un decreto donde daba a los diputados el poder de trasladar partidas a las Juntas Comunales a discreción y sin control del Estado. Una manera de revivir las viejas partidas circuitales que habían sido eliminadas en 2001. Solo en ese periodo se transfirieron 250 millones de dólares a las Juntas Comunales, que se utilizaron casi íntegramente para dádivas. Clientelismo puro y duro financiado por el Estado.

Uno de cada dos diputados logró su reelección. Cuatro de ellos, Carlos Afú, Noriel Salerno, Miguel Fanovich y Héctor Aparicio, fueron impugnados por el Tribunal Electoral, precisamente por utilizar fondos públicos en la campaña.

“Yo creo que hubo una toma de conciencia de la autonomía de los diputados en el periodo 2009-2014, con el transfuguismo descarado”, dice el politólogo Harry Brown Araúz, director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS). Y explica: “Abrieron los ojos sobre los beneficios de esta independencia del partido y de las ventajas personales que podía darles. Y no ha habido vuelta atrás y se tornó hasta contagioso. Fue un punto de inflexión”.

Terminada la presidencia de Martinelli, los diputados habían profundizado su control territorial, habían logrado sostener su curul y se encontraban con renovados recursos para aumentar su poder en el futuro. Y el futuro ya llegó.

Diputados empresarios

Fue a través de estos recursos, de este enriquecimiento vertiginoso, que muchos diputados robustecieron su poder. Algunos tuvieron su sueño de vida yeyé y compraron carros, casas de playas. Otros, más astutos, formaron empresas.

“Ahora resulta que todos son ‘empresarios´”, se ríe el diputado independiente Juan Diego Vásquez. Y sigue: “Es sencillo hacerse empresario cuando producto de manejar fondos del Estado o a través de mi cargo logro favores, donaciones o demás. Durante la presidencia de Martinelli las partidas que manejaban los diputados aumentaron. Partidas que nadie aún entiende cómo se usaban o asignaban y por las que nadie ha rendido cuentas”. 

Fue entonces cuando se construyeron muchas de las empresas que hoy varios diputados utilizan como pantallas para justificar el origen de los fondos destinados al clientelismo en sus corregimientos.

Hay un caso que, por burdo, no deja de sorprender: la empresa Servicios Múltiples Rama, de la familia del diputado Pineda. 

El diputado Raúl Pineda. | Foto: @asambleapa

Creada durante el último año del gobierno de Martinelli, 2014, la sociedad tiene como director a un funcionario de la Asamblea de apellido Messina, que trabaja por 2 mil dólares mensuales en el equipo de Pineda. Hasta el 2019 otro director de la empresa era el hijo del diputado, Abraham Pineda. Luego de ceder en los papeles la dirección de la empresa, pasó a trabajar en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) con un salario de 4 mil. El agente residente de la empresa también se alejó en esas fechas, pero no muy lejos: Agustín Lara pasó a ser subdirector del Registro Público por 6 mil dólares mensuales. Fue asesinado por sicarios en San Miguelito un año atrás.

Así funciona el carrusel de influencias que tienen los diputados en otras dependencias. La cabeza del pulpo es el diputado que se ramifica hacia otras dependencias del Estado. 

Lo cierto es que esta empresa le vendió al Estado durante la pandemia botellitas de 350 ml de agua a 0.80 centavos de dólar, cinco veces su valor. Es la misma empresa que ha incursionado exitosamente en negocios con el Estado de forma directa: jardinería en la Asamblea Nacional, insumos para cocina en el Ministerio de la Presidencia, recolección de basura en el municipio de San Miguelito y agua y mascarillas para el Instituto de Mercadeo Agropecuario en tiempos de coronavirus.

Cuando le preguntan a Pineda de dónde sale el dinero que regala en su circuito, dice como todos: son fondos privados, de mis empresas.  El mismo origen que declara Robinson cuando le consultan sobre cómo compró su finca en Boquete a través de una triangulación con la empresa Bagatrac, una de las mayores contratistas del Estado, que le cedió la propiedad. “Si mañana quieren hablar de Benicio, que sigan hablando de Benicio, que cada día que hablen de este que está aquí, cada día me ponen más arriba, cada día me conocen más. Mientras que yo sea diputado aquí, no voy a dejar que me quiten los derechos que me dio el pueblo”, dijo desafiante el diputado, dejando claro quién está al mando.

Cambio de paradigma

La debacle del Ejecutivo se ve claramente con lo que pasó con la ley de incentivos turísticos mediante créditos fiscales. En julio pasado, la gente protestó masivamente, el país estuvo paralizado y, para frenar la ola de descontento, el Gobierno formó una mesa de diálogo. 

El proyecto de ley para que el Estado financie con miles de millones la construcción de hoteles de un club de grupos empresariales fue uno de los temas centrales de esa crisis. En un momento de profunda crisis económica, la población no encontraba razones para donarle más de 2000 millones de dólares a algunas de las empresas más ricas del país. 

El presidente de la Nación dio su palabra de que ese proyecto no iba y les pidió a los legisladores que lo desecharan. Las protestas se levantaron. 

Contra todo pronóstico, a principios de octubre el pleno aprobó el tercer proyecto de ley en tres años para lo mismo: sostener los privilegios de los empresarios. Unos ven en esta decisión la falta de poder del presidente mientras otros, menos inocentes, aseguran que es otro favor de la Asamblea que le evita a Cortizo el costo político de una decisión que sí quería tomar a pesar del rechazo popular. 

Lo cierto es que la opinión pública registró cómo la autoridad presidencial descendía hacia el subsuelo mientras los diputados aparecen como invencibles. Porque muchos de esos proyectos turísticos se encuentran en el interior, donde los diputados consiguen sus votos. Son puestos de trabajo, inversiones que luego ellos presentan en sus circuitos como logros personales. 

Territorio

“Los diputados mantienen estructuras fuera de la Asamblea gestionando el territorio de forma permanente. Y así no hay forma de competir en igualdad de condiciones y por eso tenemos diputados con 30 años en la Asamblea”, analiza Ana Matilde Gómez, exdiputada y exprocuradora que ahora junta firmas con la intención de regresar a la Asamblea como independiente.

Esta es otra de las ventajas que le sacan al Ejecutivo y tiene que ver con otra faceta del clientelismo: es cuando el diputado se apropia del rol del Estado.

Una de las cosas que más disfrutan los honorables es cuando logran que las inversiones del Estado se hagan en su distrito y bajo su nombre. “Ahí hay una relación clientelar muy clara. El ejecutivo le paga al diputado con obras en su comunidad y nombramientos. Entonces el diputado va a la inauguración y la gente le agradece a él. La gente no ve que es el Estado, sino que es el diputado que les cumple”, culmina Gómez. 

Para muestra, un botón. 

Dalia Pichel, de La Prensa, reportó cómo en medio de la ola de recortes por la crisis económica en todos los estamentos, como Pandeportes la única provincia que logró aumentar su presupuesto fue Bocas del Toro, donde reina el presidente de la comisión de presupuesto de la Asamblea, Benicio Robinson, que llegó al hemiciclo en 1984 y allí sigue.

En medio de la crisis, de los recortes a los hospitales y a las escuelas, Robinson consiguió 18 millones para la construcción de una Ciudad Deportiva que se promociona en redes con la cara del diputado. “Gracias a la gestión de nuestro Benicio Robinson”, es parte del mensaje que se pregona en un video promocional sobre la instalación deportiva.

Pero no es solo la existencia del proyecto lo que beneficia al diputado: es también la gestión. Los puestos de trabajo, las compras de materiales. La influencia se traduce en beneficios para un montón de gente que cimenta la fidelidad y su liderazgo.

Así, las decisiones del gobierno de invertir en las comunidades no tienen que ver con una lógica de necesidad o urgencia, sino que se convierte en moneda de cambio, en favores políticos para pagar otros favores.

Richard Morales plantea que el sistema político está cada vez más desvinculado de la población. “Y quién tiene la relación local con la población, la conoce, la ve a la cara, son los diputados: ellos están sosteniendo el sistema. El clientelismo es el último dique antes de la disgregación social”, dice Morales.

Este sistema clientelar que reina en el país, donde los diputados son los que resuelven las urgencias en las comunidades, les otorga a ellos el poder de la calle. Son los honorables los que pueden poner una barriada a cortar una ruta o acabar con una protesta. Son los que pueden organizarles mítines de campaña a los candidatos a presidentes. Y organizar las fotos que todos los líderes necesitan rodeados del afecto popular.

“El clientelismo expresa el agotamiento de todo lo que se supone que debería ser y no es. Si hubiese partidos con diversas miradas, las cosas tendrían un sentido pero creo que esta ilusión de la democracia liberal latinoamericana está agotada. Tengo una visión bastante pesimista del mundo y de Panamá en el mundo”, dice el sociólogo Guillermo Castro.

Por eso estimado lector, si se da una vuelta por Calidonia y ve algo flotando en el aire, no se sorprenda, solo acérquese y grite fuerte ¿Qué hay pa’ mi? y algo, seguro, le lloverá del cielo.

*Este reportaje forma parte del especial donde Guido Bilbao analiza cómo los diputados secuestraron la democracia y redujeron la política al ‘¿Qué hay pa’ mí?’. Puedes leer la primera entrega aquí y la segunda aquí.

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About the author

Guido Bilbao

Fue periodista de La Prensa, La Estrella y el País de España. Sus crónicas fueron compiladas en Argentina, España y Alemania. Fue director de los documentales ‘Es Hora de Enamorarse’ y ‘La Fábula’. Ganó cinco premios Nacionales del Forum de Periodistas. Tiene dos hijas panameñas.  Actualmente es becario del Pulitzer Center y dirige documentales para la cadena Al Jazeera.

Guido Bilbao
Guido Bilbao
Fue periodista de La Prensa, La Estrella y el País de España. Sus crónicas fueron compiladas en Argentina, España y Alemania. Fue director de los documentales ‘Es Hora de Enamorarse’ y ‘La Fábula’. Ganó cinco premios Nacionales del Forum de Periodistas. Tiene dos hijas panameñas.  Actualmente es becario del Pulitzer Center y dirige documentales para la cadena Al Jazeera.