Ramón
19 Oct 2020
Panamá ante los ojos del mundo
10 Nov 2020

Los moradores de Panamá Oeste recogen agua en lo que pueden: galones de plástico, cubetas, coolers, etc. Foto: Adriano Duff | La Estrella de Panamá

Los constantes cortes de agua dificultan la aplicación de los protocolos sanitarios en Ciudad del Futuro, Panamá Oeste. ¿Cómo afecta la precariedad del suministro la calidad de vida en la segunda provincia panameña con más contagios de covid-19? Territorio Connectas, en alianza con Concolón, explora el alcance de la crisis, puesta al descubierto por la pandemia

Moisés se sienta bajo el chorro que cae de la canaleta. Alza el rostro buscando el latigazo del agua fría para aliviar las brasas encendidas de sus pómulos. Poco a poco siente cómo desciende la temperatura de su rostro. En medio del sofocante calor, se pasa el jabón entre sus minúsculas manos, las que no pudo lavarse en el baño. Hoy también el agua se fue desde temprano, como ocurre por los menos cuatro días a la semana en el sector A de Ciudad del Futuro. Por eso, Moisés debe bañarse con el agua que la lluvia ha acumulado sobre el tejado del pequeño chalet donde reside junto a su familia, al final de una calle pedregosa que termina en un potrero.

Ciudad del Futuro son 800 casas repartidas entre callejas poco transitadas y veredas flanqueadas por hirsutos matorrales. Aunque reina una calma que recuerda a las provincias del interior, está ubicada en el distrito de Arraiján, en Panamá Oeste, muy cerca de la capital. Acá, a unos 40 kilómetros de la otra ciudad, la de Panamá –con su área bancaria, sus bufetes y su Canal–, Moisés De León se ha adaptado a la incertidumbre de los frecuentes cortes en el suministro. Almacena agua donde puede, en tanques de pintura o en galoncitos que ha acumulado desde el 2007, el año en que comenzó a interrumpirse el servicio.

En la casa del presidente de la Junta de Desarrollo Local de Ciudad del Futuro los oficios domésticos se llevan a cabo o muy tarde o muy temprano. Dado que, por lo general, el agua se va durante la mañana y no retorna hasta la noche, todo lo que sea necesario hacer, incluyendo asear y cocinar, se realiza en unas cuantas horas. Es la breve ventana que se abre al girar el grifo. Cuando no sale nada, la ropa usada se acumula hasta cuando sea posible lavarla.

Los protocolos de bioseguridad contra la covid-19 también quedan en suspenso. Esto incluye el lavado de manos, uno de los puntos en los que el Ministerio de Salud (MINSA) ha insistido durante la pandemia, y la desinfección de las compras y los productos que se entregan por delivery. ¿Cómo cumplir con las directrices que vienen desde el Estado cuando éste no garantiza el acceso al agua de forma permanente?

La crisis de agua en Arraiján hace de las medidas de prevención y aseo necesarias para frenar los contagios un reto diario. Según cifras del MINSA, en Panamá Oeste hay 23.382 casos, lo que la convierte en la segunda región más afectada por el coronavirus en Panamá. La pandemia ha revelado el alcance de la problemática, que se ha ido agudizando exponencialmente a la par del desarrollo de proyectos residenciales en la zona.

La ciudad de las manos secas

Durante sus inicios, la comunidad de Ciudad del futuro extraía el agua de nueve pozos. Moradores como Moisés piden su rehabilitación como una forma de paliar la problemática actual. Foto: Jaime Humberto Cordero J. | El Siglo

La situación es más difícil para los vulnerables, para los enfermos. Para personas como Daina Edgill. Al regresar a su residencia, en el sector B de Ciudad del Futuro, después de someterse a su tratamiento por hemodiálisis en la policlínica Doctor Santiago Barraza, en La Chorrera, se encontró con que el agua no había regresado. Eran las 10 p.m. Tuvo que recurrir a una toallita con alcohol para el aseo, en un intento por ceñirse a las normativas de higiene, las que también dictan que debe lavar su ropa y la sábana que llevó consigo para resguardarse de la intensidad del aire acondicionado de la clínica.

Se acostó, pero el sueño la eludía. Le dolía el cuerpo, la cabeza. Sabía que debería levantarse temprano para recoger agua. No pudo, ya que cuando despertó a las 8 a.m., tampoco había. Revisó los tanques, los galones de plástico. Ni una gota, todo lo había consumido el día anterior. “Mi calidad de vida está totalmente desmejorada”, asegura Daina, quien a sus 43 años ya se jubiló debido a la insuficiencia renal que padece. A pesar de residir por más de 20 años en Ciudad del Futuro se siente como una precarista, como alguien que paga una hipoteca pero que dispone a medias del derecho de acceso al agua. “Ni siquiera lo que me reste de vida lo puedo pasar tranquila, en mi hogar, por esta situación”.

Es un problema que se repite en otros sectores de Arraiján. En El Tecal, Rolando está acostumbrado a madrugar para recoger agua. Al principio, cuando llegó al barrio hace 16 años, ocurría solamente durante los fines de semana.  Pero desde hace un año, se volvió cosa de todos los días. El suministro se interrumpe a las 7 a.m. y no se reanuda hasta las 11 p.m. Es por eso que el jubilado optó por adquirir un tanque de reserva, lo que le ha permitido lavarse las manos durante estos meses de pandemia.

Este año, fallas en las plantas de bombeo y en la potabilizadora de Laguna Alta afectaron a por lo menos 10 comunidades en Arraiján: Vista Bella, Las Acacias, Talamanca, Nuevo Chorrillo, etc. Es la misma planta que dejó de operar en agosto del 2019, tras el fallo de un transformador eléctrico, lo que dejó sin agua a entre 50 mil y 80 mil residentes durante más de cuatro días. Recientemente, la planta potabilizadora Jaime Díaz Quintero paró por completo sus operaciones debido a un incremento en la turbiedad del agua, afectando a comunidades en los distritos de La Chorrera y Arraiján, incluyendo a Ciudad del Futuro.

Es un escenario que Moisés conoce bien. Al aumentar las lluvias, los niveles de turbiedad y basura en el agua imposibilitan el debido funcionamiento de las potabilizadoras. Al fallar la red, los moradores protestan ante la falta de agua. Entonces el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) se acerca a las comunidades, “abren un par de llaves aquí y allá para que los quejosos tengan agua, y se las cierran a otros”.

Con una población estimada en 300,979, los cortes de agua en el distrito de Arraiján se dan a diario. Foto: Miguel Victoria

“Por la alta turbiedad y el bajo caudal tenemos que estar sectorizando para que todo el mundo tenga su poquito de agua”, explicó el ingeniero Luis Saavedra, subgerente operativo del IDAAN para el área de Arraiján. Luego de orar junto a los residentes de una de las áreas afectadas para que, entre otras cosas, nadie se enferme como consecuencia de las interrupciones en el suministro, Saavedra detalló que a corto plazo se iba a interconectar la planta de Mendoza, en La Chorrera, con el tanque de abastecimiento de agua tratada de la Jaime Díaz Quintero, cuya capacidad ha sido menoscabada por una avería en uno de sus motores. Hasta el momento, no hay soluciones a largo plazo para el problema del agua en Ciudad del Futuro y las comunidades aledañas.

El año pasado, el entonces director regional del IDAAN justificó en una entrevista concedida a La Estrella de Panamá la forma como la entidad dispone y reparte el agua en el sector. Afirmó que la población se ha disparado mientras que el volumen de agua disponible se ha mantenido igual durante la última década. De acuerdo con datos del Plan Nacional de Seguridad Hídrica 2015-2020, actualmente tres plantas potabilizadoras suplen de agua a la provincia. Son 27 millones de litros al día que deben satisfacer la creciente demanda de una población que en el 2016 ya superaba los 400 mil habitantes en Arraiján y el resto de Panamá Oeste, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, la población actual en la zona ya asciende a los 606.458 habitantes.

En ocasiones, el Idaan despliega camiones cisterna para afrontar la falta de agua en las comunidades. Foto: Adriano Duff | La Estrella de Panamá

Durante esta semana el suministro se ha visto interrumpido a diario en Aragón, barriada donde resido y que está próxima a Ciudad del Futuro. Es una realidad a la que me he ido acostumbrando durante los últimos seis años, cuando me mudé desde la Ciudad de Panamá. En la capital alquilaba un apartamento y la factura del agua me la incluían en la renta. Sin embargo, mi familia y yo buscábamos una casa propia, una cuya hipoteca fuéramos capaces de pagar. Con jardín, más espacio. En el proceso añadimos el lastre de una cuenta que se debe pagar aunque el agua se pueda ir a cualquier hora y, en ocasiones, sin mayores explicaciones por parte del IDAAN.

Moisés recuerda cuando llegó a Ciudad del Futuro. En ese entonces, la promotora les vendía la visión de una comunidad con parques, iglesias, seguridad, agua. Ahora, 20 años después, los pozos de agua que se excavaron originalmente cayeron en desuso al establecerse la conexión con la planta Jaime Díaz Quintero, y se contaminaron; las áreas de juego fueron invadidas por herbazales, el alcantarillado se ha obstruido por el cemento de las urbanizaciones que se han construido en los alrededores. Después, la falta de agua y, ahora la covid-19, han contribuido a la fallida utopía, al desengaño de hoy.

Los moradores de Panamá Oeste recogen agua en lo que pueden: galones de plástico, cubetas, coolers, etc. Foto: Adriano Duff | La Estrella de Panamá

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About the author

Errol Caballero

Periodista panameño y parte del colectivo Concolón, Errol ha sido editor de la revista Portada y colaborado con medios locales e internacionales como la NBC, La Estrella, Soho y Mundo Social. Para la Revista Concolón investigó y escribió el especial "Patacón", publicado en alianza con Connectas. Por su trabajo periodístico Errol ha sido premiado en cinco ocasiones. Además, es poeta: en 1998 publicó el poemario "El vértigo azul", al que le seguiría "Las ínsulas del odio" (2002). En medio de esta doble crisis pandémica y económica del Covid-19 se reencontró con la escritura.

Errol Caballero
Errol Caballero
Periodista panameño y parte del colectivo Concolón, Errol ha sido editor de la revista Portada y colaborado con medios locales e internacionales como la NBC, La Estrella, Soho y Mundo Social. Para la Revista Concolón investigó y escribió el especial "Patacón", publicado en alianza con Connectas. Por su trabajo periodístico Errol ha sido premiado en cinco ocasiones. Además, es poeta: en 1998 publicó el poemario "El vértigo azul", al que le seguiría "Las ínsulas del odio" (2002). En medio de esta doble crisis pandémica y económica del Covid-19 se reencontró con la escritura.